Por Augusto Monterroso
lunes, 13 de febrero de 2012
Historias de la cotidianidad distorsionada
Viajar en el metro, en un metro distinto, por líneas del metro que convergen todas hacia un mismo lugar, un lugar anhelado y soñado por todos los metros, algo así como el Aztlán de los metros.
Un metro peculiar que todos los capitalinos conocemos, en donde la gente goza de una gran cultura que le faculta a tener la conciencia de antes de subir permitir bajar, donde los pasajeros respetan los lugares designados para mujeres embarazadas o con niños, adultos mayores o discapacitados, en donde las mujeres no tienen que ser separadas para viajar seguras sin sufrir acoso u otro tipo de vejación, ese metro en el que la gente se saluda y se mira de manera amable y nunca se empujan entre sí, ese mismo que siempre goza de un agradable olor, pero sobre todo, aquel en el que no hay vendedores ambulantes gritando a todo pulmón o con equipos de sonido dignos de una buena fiesta.
Sí, hablo de ese metro que los capitalinos utilizamos, que nos puede llevar a Cuatro Caminos, Indios Verdes, Pantitlán, Chapultepec, el Rosario, Ciudad Universitaria, próximamente hasta los recónditos rumbos de Tláhuac y muchos lugares más. Ese mismo que goza de paraderos altamente seguros y limpios, paraderos de transporte público manejados por personas altamente capacitadas y certificadas, además de amables y con un alto sentido de conciencia que les permite distinguir la diferencia entre transportar mercancía o personas. Operadores de ensueño que difunden cultura auditiva escuchando discos de Mozart, Paganini, Pink Floyd, Taraf de Haidouks, entre otros. Que además respetan todos los señalamientos de tránsito y nunca, ni por error, se pasarían un alto, que son incapaces de cobrarte demás o aplicar las tarifas a su antojo, incluso la nocturna, y que jamás, ni en la peor de nuestras pesadillas, serían capaces de insultar a un pasajero.
Viajes que de sólo pensarlo nos entusiasman, nos apasionan, nos emocionan…
miércoles, 1 de febrero de 2012
Literatura: una vieja compañera del hombre
Blanca y asidua acompañante de la historia del humano, eterna compañera.
Las historias pioneras exploraron los colores vegetales y minerales en las
rocas y paredes de cuevas con el afán de contar las experiencias. Con el tiempo
se convirtió en el arte de escribir y narrar, el hombre fue perfeccionándola.
Este proceso de reconocimiento a la Literatura, es una labor
interesante, pues es como descubrir los adentros de la naturaleza humana, una
introspección social. Un narrador, personajes, espacio y tiempo, descripción,
finales inesperados, son algunos de los elementos que la conforman.
Conforme los siglos han transcurrido, ha experimentado cambios y ajustes. Los
clásicos son una remembranza de las facetas que ha seguido.
Nació el periodismo que, con el afán de contar la realidad y en su
preocupación por la verdad, decidió tomar algunos recursos de la literatura
pero tomaron rumbos diferentes.
Muchos periodistas contemporáneos pretenden unir esas veredas, que no
pueden ser unidas porque persiguen objetivos diferentes; es como unir dos gatos
por la cola y que cada uno fuera en dirección contraria, sólo se lastiman y no
se logra avanzar.
La nota informativa vs cuento
La nota informativa tiene que reunir la información necesaria y más
relevante en su primer párrafo: la entrada. El texto conforme avanza da
detalles, y no es tan indispensable como la primera parte; al leer ésta,
podemos inferir cuál es el objetivo de la nota.
Qué pasa con el cuento. En este texto no se puede sólo leer la primera
parte y saber qué sucederá al final, La narración va llevando al lector por
lugares inesperados.
La literatura y el periodismo no pueden estar casados, pueden prestarse
recursos, sin embargo no podrán estar juntos. Los periodistas pueden hacer
literatura y los literatos pueden hacer periodismo, pero nunca pueden hacer las
dos cosas al mismo tiempo.
Las incoherencias en México
Las incoherencias que tenemos en México. Iniciaré con los rarámuris, que se destacan por ser una comunidad milenaria con una gran fortaleza que a lo largo de cinco siglos ha sido marginada viéndose en la necesidad de mudarse a las alturas de la Sierra tarahumara, para su sobrevivencia aprendieron a valerse por si mismos y a producir lo que consumirían. No sólo se han tenido que enfrentar a las inclemencias del tiempo sino también a las severidades de una sociedad que los ha dejado en el olvido y que tal parece no importarle dicha comunidad; pues la marginalidad los ha mantenido en la miseria, el hambre y la discriminación.
La comunidad rarámuri ha sufrido la peor de las miserias del tiempo, el hambre, convirtiéndose éste en un hecho de interés no sólo nacional, sino internacional. Se dio a conocer que algunos tarahumaras se tiraron al vacío para no soportar el hambre que de años a la fecha padecen, pero que es hasta ahora que nos damos cuenta de ella.
Se han implementado algunos programas para recolectar ayuda para los tarahumaras, ayuda que es insuficiente y que la mayoría ha salido del pueblo mexicano, ¿y qué ha hecho el gobierno mexicano? Es conocido que los altos impuestos que los mexicanos pagamos se debe destinar algún porcentaje para emergencias como ésta y existen programas de asistencia a nivel federal, pero de la cual vemos, no es para todos.
¿Dónde quedan los programas de ayuda del gobierno? De lo razonable a lo sin razón
En días anteriores el diario Milenio dio a conocer que en el programa Oportunidades de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL) se ha dado de baja a por lo menos a 20 mil indígenas por incumplimiento de compromiso de corresponsabilidad, pues no han acudido a recoger su ayuda alimentaria y de salud pero, díganme si no es una incoherencia pues si no asisten es debido a que tienen que caminar hasta 12 horas para llegar a recogerla.
¿En qué radica la ayuda?
Se trata de recursos mensuales divididos en 295 pesos en apoyo de alimentos; 50 en ayuda energética; 120 de vivir mejor, y 100 del infantil Vivir Mejor que se otorgan sólo a las familias que tienen tres niños menores de nueve años. Si hacemos cuentas de lo que se dispone para los recursos de ayuda en un año, según lo anterior, sería de un total de seis mil 780 pesos por una familia, y por las 80 mil familias serían 542 millones 400 mil pesos aproximadamente. Y bien si dichos programas apoyan a que los rarámuris no padezcan hambre ¿Dónde está la solución?
¿De qué sirve una estela de luz? ¿A quién beneficia?
La estela de luz tuvo un costo elevadísimo y se supone debió entregarse para los festejos del bicentenario, pero bueno la obra ya se entregó, no al 100% pero ya se entregó, y lo que aún no se
entrega es la cuenta pública de la misma ante la Auditoría Superior de la Federación que a más tardar se dará el informe detallado con los gastos el 20 de febrero.
Lo que es un hecho de la torre luminosa, es que se pagarán 880 mil pesos de luz al año por la estela, a eso hay que aumentarle los gastos de mantenimiento, más el personal que laborará en ella, lo que elevará los costos de una manera brutal.
Entonces díganme queridos lectores ¿para qué nos sirve una estela luminosa que sólo consume gasto público?, ¿no sería mejor inyectar ese dinero en programas de ayuda para los indígenas de nuestro país? Esto es una muestra de que en nuestro país sí hay dinero pero no se utiliza como se debe.
¿El presidente Felipe Calderón será el mejor estadista del mundo?
El presidente Felipe Calderón Hinojosa participó en el Foro Económico Mundial en Davos, se dijo estar orgulloso por los avances que ha logrado en materia de educación y salud, se mostró preocupado por la economía por lo cual lanzó un llamado a Europa a usar la “bazuca” para solucionar la crisis económica que amenaza con afectar al mundo.
Cabe mencionar que le fue entregado el premio como mejor estadista en el mundo. No se ustedes pero dudo que merezca el premio al mejor estadista cuando en su gobierno lo único que se puede contar a manos llenas es el número de familias que viven en pobreza extrema, los gastos excesivos, el desempleo y los muerpos de la guerra contra el narco.
Por Ethzoalli Rodríguez
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